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¿Son eficaces los airbags frontales?

El avance tecnológico no cesa, es obvio decirlo, y desde luego la industria del automóvil no permanece ajena, sino todo lo contrario: es -en muchos aspectos- punta de lanza del desarrollo de dispositivos o sistemas basados en el control de complejos parámetros mediante la electrónica. Sin embargo, cabría preguntarnos si nosotros, los usuarios de estos cada día más sofisticados vehículos, evolucionamos a la misma velocidad que la tecnología que nos rodea.

Por supuesto, no nos referimos a la capacidad para comprender en profundidad el funcionamiento de todos los elementos que componen el automóvil, tarea ya prácticamente imposible, sino únicamente a saber cuáles son las capacidades y las limitaciones de aquellos sistemas que más directamente nos atañen. Un ejemplo son los dispositivos de seguridad que incorpora nuestro vehículo, por los que pagamos gustosamente y en los que depositamos una cierta confianza, en ocasiones excesiva, no porque estén mal diseñados, sino precisamente porque no conocemos sus “propiedades” (también es cierto que nadie, o casi nadie, nos las ha explicado).

La eficacia de los sistemas de seguridad se comprueba realmente conforme el empleo de los mismos se generaliza y puede hacerse un seguimiento de su comportamiento en ‘la vida real’. Pero hay que adelantar que su mayor o menor idoneidad no sólo está condicionada por la bondad de su diseño, sino también por su correcto o incorrecto uso, que viene a su vez determinado por el conocimiento de los usuarios acerca del funcionamiento de ese dispositivo.

En concreto, respecto a los airbags frontales (ya hablaremos en próximos reportajes de los laterales, todavía menos difundidos), recibimos preguntas con frecuencia para tratar de verificar su correcto funcionamiento. Vienen de conductores que han tenido un accidente en el que este dispositivo no se activó -y el usuario consideraba que debería haber ‘saltado’- y, en ocasiones, ponen de manifiesto que existe una gran confusión sobre este elemento. Probablemente estas dudas vienen alimentadas por imágenes publicitarias o por la visualización de choques en cámara lenta, de las que parece deducirse que el airbag es una delicada bolsa de aire que se infla suavemente. Por otro lado, recibimos noticias procedentes de Estados Unidos, donde se han registrado ya un centenar de muertes imputadas al despliegue de un airbag frontal.

Fuera de toda polémica, puesto que la eficacia de este elemento ha sido ampliamente contrastada, el automovilista debe saber que la bolsa está realizada de un material muy resistente (nylon), puesto que en su interior se alcanzan presiones elevadísimas, y que en su despliegue alcanza una velocidad cercana a los 300 km/h, dado que tiene que estar completamente inflado antes de que la cabeza del ocupante golpee contra él. No pueden descartarse lesiones de cierta importancia si, durante su expansión, golpea contra los brazos o la cara de un ocupante que se encuentre en una posición demasiado cercana al airbag. El seguimiento de accidentes revela como daños más frecuentes asociados a este sistema abrasiones cutáneas y oculares. Aun así, su uso ha reducido significativamente la incidencia de lesiones graves en la cabeza y el pecho en fuertes colisiones frontales, especialmente si se utiliza conjuntamente con el cinturón de seguridad.

Comment   06.09.11